Carballido In memoriam
Publicado en Reforma, Sección Cultura, el 13 de febrero del 2008.
Indiscutible maestro
por José Ramón Enríquez
Hay mucho por qué recordar a Carballido y somos muchos quienes hoy lo recordamos con tristeza por su partida y con gratitud por su indiscutible magisterio.
Aun cuando su poética no coincidan con otras manifestaciones (lo cual es saludable en cualquier nación), la personalidad de Carballido y su lugar, durante más de medio siglo, lo vuelven un punto de reflexión imprescindible, no sólo en la dramaturgia sino en la escena nacional.
Hace sesenta años, en el cuarto de Sergio Magaña (convertido en el teatro mínimo de La Recámara) montó su primera obra, y desde entonces, nunca dejó de estar, de influir e incluso de polemizar sobre el quehacer teatral.
No tardó mucho tiempo la generación de Magaña y Carballido para dejar los cuartos de azotea y alcanzar el escenario máximo del Palacio de Bellas Artes. Gracias a la generosidad de otro grande, Salvador Novo, se estrenó ahí Rosalba y los Llaveros, en 1950. Vinieron muchísimas otras, casi una por año, hasta convertirse en el autor más representado del teatro mexicano, en la capital y en los estados, así como en países tan diversos como Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Polonia, la antigua Checoslovaquia, Alemania, Francia y, por supuesto, la mayor parte de los latinoamericanos.
Autor de indiscutible tono costumbrista, fue capaz de pintar su Córdoba natal con el mismo cuidado con que dibujó la capital de la República, en las obras que forman D. F.. Fue de la reflexión generacional de Yo también hablo de la rosa a la burla del machismo en Rosa de dos aromas. De la propia memoria en Fotografía en la playa al juego con la mitología en Medusa. Y siempre con la devoción de un cuidadoso orfebre y, sobre todo, con la eficacia de un gran conocedor de su público.
Crítico del moralismo y la estupidez de las diversas etapas nacionales por las que le tocó transcurrir se comprometió políticamente en su obra y en su vida, al grado de ser, a sus ochenta años, la primera personalidad en registrar su Sociedad de Convivencia en cuanto la minoría homosexual, a la que perteneció con orgullo, obtuvo ese derecho.
Pero fue también creador de medios como la Revista Tramoya que, desde 1975 aparece, bajo el patrocinio de la Universidad Veracruzana, de cuya Escuela de Teatro fue director, así como lo fue también de la Escuela de Arte Teatral del INBA. En Tramoya publicó constantemente autores jóvenes, porque fue siempre un impulsor de los nuevos talentos en todos los espacios donde pudo. Hizo lo mismo con directores de la capital del país y de los estados de la República.
Creo difícil que alguien en el teatro mexicano no haya tenido que ver en algún momento con alguna obra de Emilio Carballido durante más de medio siglo.
Esta misma mañana, cuando lamentaba yo su muerte en la Escuela Superior de Artes de Yucatán, con mis alumnos apenas de primer año, varios de ellos comentaron que habían hecho obras suyas de teatro infantil e inclusive habían utilizado textos suyos para ejercicios de actuación en algún Cedart.
Y hablo de Mérida como ejemplo de cualquier punto del país: aquí, en los dos últimos años ha estado presente desde en el teatro de aficionados (Pablo Herrero montó hace poco Rosas de dos aromas, con alumnas de la Universidad Modelo), y el teatro estudiantil (en enero del año pasado se rindió a Carballido un homenaje en la ESAY), hasta el profesional del mayor nivel: se montó, también en enero del 2007, Fotografía en la playa, bajo la dirección de Paco Marín, quien en esta ciudad montara con notable éxito Rosa de dos aromas, con Ligia Barahona y Betty Yáñez, así como Orinoco con Silvia Káter y Berta Merodio, todas ellas primeras actrices del teatro yucateco. Y el propio Carballido escogió a otra primera actriz, Elena Larrea, para el montaje de Luminaria, hace apenas un mes, otra vez dirigida por Paco Marín.
Se acaba el espacio antes de hablar del novelista del poeta y del cuentista. Del traductor y del director escénico. Valga cerrar con la certeza de que Emilio Carballido ha llenado una época y, por lo tanto, es enorme el hueco que deja entre nosotros.

Representante Estatal ( Q.Roo )
de la Red Nacional de Mujeres
de Teatro


